Lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

12.09.2026

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (27,33–28,9):

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee. Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados? Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios


Salmo

Salmo 102

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.


Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (14,7-9):

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor


Reflexión del Evangelio. 

Por el Padre Daniel Manzuc


Por Monseñor Munilla





PARA REFLEXIONAR

  • El pasaje de hoy habla en primer término de la honestidad y de la honradez en el pensamiento y en la conducta con relación a los demás para luego rechazar expresamente el espíritu vengativo prometiendo el perdón a los que saben perdonar.
  • En la mente del sabio no cabe la venganza, sino sólo el perdón. Quien se siente ofendido por otro, antes de dejarse llevar por la ira deberá mirarse a sí mismo. El rencor no suele quedar impune ya que siguiendo la ley del talión, el rencoroso siempre cae en su propia trampa.
  • La alianza con el Señor es el fundamento y la última motivación de esa conducta que debe observar Israel con los demás. Pues también el Señor perdona y es paciente con ese pueblo de dura cerviz.

***

  • Pablo da unas orientaciones prácticas para que en la comunidad cristiana reine siempre el respeto mutuo y el amor, dado que en determinados puntos, tienen opiniones divergentes, opiniones que afectan concretamente a prácticas religiosas.
  • Para salvar la unidad, Pablo señala que la pertenencia al Señor en la vida y en la muerte está por encima de todos los puntos de vista individuales, la fe nos hace libres, pero cada uno debe respetar los comportamientos de cada uno en su marcha hacia Dios por los caminos de la fe, buscando antes lo que une más que lo que separa.
  • El Señor es el que juzga y a quien debemos atenernos tanto en la vida como en la muerte. A él sólo pertenecemos, ya que sólo Él murió para destruir nuestra muerte y resucitó para darnos vida abundante.

***

  • Continúa la temática del perdón introducida el domingo pasado. Pedro, la piedra, el cimiento del edificio comunitario, pregunta por los límites del perdón de las ofensas entre hermanos.
  • Jesús contesta a Pedro con una parábola que libra al perdón de todo arancel para hacer de él el signo del perdón recibido de Dios. La parábola comienza con las significativas palabras: «Se parece el Reino de los Cielos…» La fuente de inspiración para la conducta de los seguidores de Jesús no es una norma legal ni ética. Es el Reino de Dios. Los que siguen a Jesús se convierten en la comunidad del Reino.
  • Un empleado del rey es perdonado por una deuda de diez mil talentos, una suma que justificaba la posibilidad, según la costumbre, de venderlo a él, a su mujer e hijos, y a sus posesiones. Al empleado, en cambio, uno de sus compañeros le debía cien denarios, una cifra pequeña, que sólo podía llevar a unos días de cárcel. El empleado pide a su compañero literalmente lo mismo que él a su señor: «ten paciencia y te lo pagaré todo». No recibe ni perdón, ni paciencia, sino la cárcel. El empleado se ha atenido a la ley, siendo incapaz de transmitir el mensaje de perdón de su señor que superó todo lo que él esperaba.
  • Para Jesús el perdón no es únicamente un deber moral con tarifa, como en el judaísmo, sino el eco de la conciencia de haber sido perdonado, se ha de perdonar a los demás indefinidamente, porque todos hemos sido perdonados sin medida por Dios: así proclamamos la Buena Nueva del perdón de Dios. Es la característica del perdón cristiano: se perdona como se ha sido perdonado.
  • La tradición bíblica presenta a un Dios que ama a un pueblo que no se lo merece ni por su fidelidad religiosa, ni por su poderío político, ni por ningún otro valor. Es un Dios enamorado de su pueblo. No existe otra razón. A nosotros se nos invita a actuar en esta dirección de gratuidad, amando a los enemigos o invitando a quien no nos puede invitar.
  • La comunidad del Reino no vive de la legalidad, sino de la inmensa alegría del padre, cuyo amor y perdón excede lo que podemos pensar.
  • La referencia a un Dios que se nos da de manera gratuita, como pura gracia, nos sirve no sólo para evangelizar nuestro corazón, sino también para purificar las acciones de nuestra comunidad.
  • El Dios que presenta Jesús es amor, un amor gratuito. Nadie ama por los méritos de alguien, eso sería pago o respuesta por algo recibido. El amor es espontáneo, inmerecido e inesperado. La respuesta que el amor espera es más amor.
  • La muestra más palpable de la profundidad del amor que experimentan los seguidores de Jesús es que pueden perdonar. En el perdón el amor deja de ser abstracto, se hace concreto y real en personas vivas, con todas sus limitaciones y pecados, carencias y necesidades. Amamos perdonando.
  • El perdón fraterno es consecuencia del perdón de Dios, es doblegarse completamente a la acción misericordiosa de Dios de tal manera que pueda desarrollarse en toda su energía e irradiarse. En este sentido, perdonar a los hermanos es signo de la plenitud de la eficacia del perdón de Dios ya recibido.
  • El Padre es el que perdona sin límites y la comunidad cristiana es la que da testimonio del Padre no poniendo límites a su perdón. De este modo el perdón se convierte en una acción incesante de transformación del mundo. Nuestro pasado se transforma, y en nosotros está, a su vez, la posibilidad de transformar el pasado de los otros.
  • El perdón, no consiste en enterrar algo que pertenece al pasado bajo el manto del olvido. El perdón, no es prescindir de lo que pasó, sino hacer realmente posible que pasen cosas buenas y nuevas, sobre una base probablemente vieja y mala. El perdón no implica el olvido. Sería absurdo esperar que el perdón borre los recuerdos. Hay perdón a pesar de que el recuerdo de una experiencia dolorosa siga, pero no evocando sentimientos de odio y venganza. No podemos borrar los recuerdos de nuestra mente, pero sí podemos quitar el veneno de esos recuerdos.
  • El perdón es novedad, un acto de creación, es resurrección, inauguración de una historia nueva. Perdonar es la actitud de quienes se han sumergido en la experiencia del perdón inagotable del Padre.


PARA DISCERNIR

  • ¿A qué me invita esta palabra?
  • ¿Qué conversión me pide?
  • ¿Qué experiencia he tenido del perdón fraterno?


REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

El perdona todas tus culpas


PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Encíclica «Dives in misericordia» – «¿No deberías, a tu vuelta, tener compasión de tu hermano?»

La Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales—en cada etapa de la historia y especialmente en la edad contemporánea—el de proclamar e introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jesús. Este misterio, no sólo para la misma Iglesia en cuanto comunidad de creyentes, sino también en cierto sentido para todos los hombres, es fuente de una vida diversa de la que el hombre, expuesto a las fuerzas prepotentes de la triple concupiscencia que obran en él, está en condiciones de construir. Precisamente en nombre de este misterio Cristo nos enseña a perdonar siempre. ¡Cuántas veces repetimos las palabras de la oración que El mismo nos enseñó, pidiendo: «perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12), es decir, a aquellos que son culpables de algo respecto a nosotros!

Es en verdad difícil expresar el valor profundo de la actitud que tales palabras trazan e inculcan. ¡Cuántas cosas dicen estas palabras a todo hombre acerca de su semejante y también acerca de sí mismo! La conciencia de ser deudores unos de otros va pareja con la llamada a la solidaridad fraterna que san Pablo ha expresado en la invitación concisa a soportarnos «mutuamente con amor» (Ep 4,2). ¡Qué lección de humildad se encierra aquí respecto del hombre, del prójimo y de sí mismo a la vez! ¡Qué escuela de buena voluntad para la convivencia de cada día, en las diversas condiciones de nuestra existencia!

San Juan Pablo II, Papa


PARA REZAR

[…] No discriminar,

perdonar y pedir perdón.

Ser coherentes

entre palabra y acción.

Vivir sin dobleces

entre práctica y contemplación.

Ser libre de los poderes,

del consumo, de la ambición

y del egoísmo que mata

y ayuda a morir.

Ser libre para el otro

para el que está cerca y

el que no conozco,

ser libre para ser solidario

ser libre para crecer en la fe

ser libre para esperar y

construir esperanza

ser libre para liberar,

ser libre para amar.

Párrafo de oración: Vivir como hombres nuevos de Marcelo Murúa


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