Lecturas del Miércoles de la Octava de Pascua

08.04.2026

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (3,1-10):

En aquellos días, Pedro y Juan subían al tempo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Palabra de Dios


Salmo del Día

Salmo 104

Que se alegren los que buscan al Señor

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas todos los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.


Secuencia
(Opcional)

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.




Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor


Reflexión del Evangelio. 

Por el Padre Daniel Manzuc


Por Monseñor Munilla





PARA REFLEXIONAR

  • Durante algún tiempo, los discípulos continuaron siendo fieles a la liturgia del Templo. Eran hombres del Templo. No comprendieron enseguida el alcance sacerdotal y sacrificial de la muerte de Jesús y del rito del pan y del vino.
  • Pedro y Juan suben al templo a la hora nona, la hora del sacrificio de la tarde. Un hombre tullido que todos los días llevan y ponen en la puerta del Templo como si fuera un objeto, se les atraviesa en el camino y les cambia el programa. El tullido representa también al pueblo de Israel, que está inmovilizado por la práctica de la ley y por el Templo. Este pobre mira a Pedro quien responde fijando también en él la mirada.
  • Pedro sólo puede darle la fuerza del Resucitado y su Espíritu. Con esta fuerza ordena al tullido que camine y le da la mano. En ese momento, cobran fuerza sus pies y tobillos, de un salto se pone de pie, y caminando, entra con ellos en el Templo andando, saltando y alabando. La liberación del tullido es una verdadera resurrección.
  • La fuerza salvadora que brotaba de Jesús curando a los enfermos y resucitando a los muertos, es ahora energía pascual que sigue activa: el Resucitado está presente, y actúa a través de su comunidad que es enviada a «proclamar el Reino de Dios y a curar».

***

  • Lucas escoge dos personas de Emaús que habían escuchado a Jesús y lo habían visto actuar, para que sean los que se encuentran con el Señor resucitado. Aparentemente no formaban parte del grupo de los más allegados, pero serán los que anunciarán al grupo de discípulos de Jesús que ha resucitado y vive.
  • El viernes último, en la cruz, todo parece haber terminado. No reconocen al caminante que se les une. Sus ojos estaban ciegos. Se ha desmoronado su fe. No creen en la resurrección, a pesar de que algunas mujeres dijeron que han visto el sepulcro vacío.
  • Jesús deja que hablen, que se desahoguen, no se da a conocer enseguida. Después les explica las Escrituras, se hunde en las raíces de la vida del pueblo de Dios para demostrarles que esto ya estaba anunciado. Los quiere llevar a «reconocerlo» haciéndolos tomar contacto, profundamente, desde el corazón, con las Escrituras, con la Palabra de Dios que es siempre viva.
  • Jesús hace camino con ellos y recorre a su lado la senda interior que lleva de la oscuridad a la luz y de la desolación a la esperanza.
  • Con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Aquí se produce el segundo reconocimiento. En la fracción del pan reconocen vivo a Jesús. Es el cambio que ha suscitado en ellos la fuerza del resucitado. Ahora son hombres nuevos, capaces de partir y compartir la vida, el alimento, la amistad y el trabajo por un mundo más justo y humano.
  • En ese momento se dieron cuenta que la muerte del maestro no había podido apagar el ardor inicial de sus corazones, sino que desde ese mismo instante no valió otra cosa, sino la experiencia del Jesús resucitado. Comulgaron con el «Cuerpo de Cristo» y en el mismo instante se levantaron, y volvieron a Jerusalén.
  • Nadie puede quedarse quieto en su sitio contemplando a Cristo resucitado: Hay que ponerse en camino y marchar hacia los hermanos. El viaje de vuelta es exactamente lo contrario. Pascua no es un recuerdo. Es curación, salvación y vida, hoy y aquí para nosotros, que el Señor Resucitado nos comunica a través de su Iglesia, cuando proclama la Palabra salvadora y celebra sus sacramentos, en especial la Eucaristía.
  • La Pascua no es para los perfectos: fue Pascua también para el paralítico del templo y para los discípulos desanimados de Emaús. También nosotros podemos experimentar alguna vez la parálisis del mendigo y la desesperanza de los dos discípulos, que la Pascua del Señor Resucitado quiere curar.
  • Jesucristo vive la comunión con el Padre Dios y también la vive con la humanidad, compartiendo con nosotros nuestros gozos y esperanzas, nuestras tristezas y angustias. Se hace compañero del hombre para darle sentido a su caminar por la vida; ilumina los acontecimientos con su Palabra y comparte su Pan.
  • El camino de Emaús, es muchas veces el camino de ida de muchos hombres, que con nuestra ayuda, debe ser de vuelta desde la oscuridad hacia la fe.


PARA DISCERNIR

  • ¿Las dificultades me impiden descubrir el rostro del resucitado?
  • ¿Experimento cómo la palabra ayuda a poner luz en mis experiencias de dolor?
  • ¿Es la eucaristía encuentro con el cuerpo de Jesús que me regala su vida de resucitado?


REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

No tengo plata ni oro, pero ¡en nombre de Jesús, echa a andar!


PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

"Él caminaba con ellos"

Después de su resurrección, el Señor Jesús se encontró en el camino con dos de sus discípulos que hablaban entre ellos de lo que había sucedido, y les dijo: "¿De qué discutís entre vosotros mientras camináis, que tanto os entristece?".

Este pasaje del Evangelio nos da una gran lección, si sabemos comprenderlo. Jesús aparece, se muestra a los ojos de los discípulos, y no es reconocido. El Maestro los acompaña por el camino, pero Él mismo es el camino (Jn 14,6) Mas ellos aún no están sobre el camino verdadero; cuando Jesús les encuentra, ellos han perdido el camino. Estando Él todavía con ellos, antes de su Pasión, Él había predicho: sus sufrimientos, su muerte, su resurrección al tercer día. Él les había anunciado todo; pero su muerte les hizo perder la memoria… "Nosotros esperábamos, dijeron ellos, que Él liberara a Israel". Discípulos, ¿cómo es que "esperabais" y ahora ya no esperáis más? Sin embargo, Cristo vive, ¿vuestra esperanza está muerta? Sí, Cristo vive. Pero el Cristo que vive encontró muertos los corazones de sus discípulos. Él se apareció ante sus ojos y ellos no le percibieron; Él se mostró ante ellos, y siguió estando escondido… Él anduvo por el camino con ellos aparentando seguirles, pero era Él quién les conducía. Ellos le vieron pero no le reconocieron, "porque sus ojos", dice el texto, "tenían impedido reconocerlo"… La ausencia del Señor no es una ausencia. Solo necesitas creer y Aquel al que no ves, estará contigo.

San Agustín (354-430) – obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia – Sermón 235, 1-3; PL 38, 118-119


PARA REZAR

Emaús

Te damos gracias, Señor, Dios nuestro

se alegra nuestro corazón

porque nos libras de las ataduras de la muerte

y nos enseñas el camino de la vida.

Como aquellos discípulos de Emaús,

también nosotros vivíamos como ciegos, sin rumbo ni esperanza,

cansados de vivir y de hacer proyectos vanos inútiles,

desanimados porque los obstáculos destruían nuestros proyectos.

Pero hoy nos ha llegado la fuerza del Espíritu.

Hoy sentimos en nosotros el fuego de la presencia de Cristo,

hoy abrimos los ojos del Espíritu.

Descubrimos que Cristo está presente dentro de nosotros

en la comunidad, en los pobres, en cada hermano nuestro,

y también en este preciso momento que hacemos oración.

Que arda nuestro corazón al contacto de tu Palabra viva,

que sintamos la alegría de llamarnos y de ser cristianos,

que seamos los mensajeros de la esperanza,

que seamos testigos de una nueva primavera en el mundo,

esa que tanto necesitamos respirar.

Santos Benetti



Parola del Signore
Dal Vangelo secondo Luca 24,13-35

Testo del Vangelo
Ed ecco, in quello stesso giorno, il primo della settimana, due [dei discepoli] erano in cammino per un villaggio di nome Èmmaus, distante circa undici chilometri da Gerusalemme, e conversavano tra loro di tutto quello che era accaduto.
Mentre conversavano e discutevano insieme, Gesù in persona si avvicinò e camminava con loro. Ma i loro occhi erano impediti a riconoscerlo. Ed egli disse loro: «Che cosa sono questi discorsi che state facendo tra voi lungo il cammino?». Si fermarono, col volto triste; uno di loro, di nome Clèopa, gli rispose: «Solo tu sei forestiero a Gerusalemme! Non sai ciò che vi è accaduto in questi giorni?». Domandò loro: «Che cosa?». Gli risposero: «Ciò che riguarda Gesù, il Nazareno, che fu profeta potente in opere e in parole, davanti a Dio e a tutto il popolo; come i capi dei sacerdoti e le nostre autorità lo hanno consegnato per farlo condannare a morte e lo hanno crocifisso. Noi speravamo che egli fosse colui che avrebbe liberato Israele; con tutto ciò, sono passati tre giorni da quando queste cose sono accadute. Ma alcune donne, delle nostre, ci hanno sconvolti; si sono recate al mattino alla tomba e, non avendo trovato il suo corpo, sono venute a dirci di aver avuto anche una visione di angeli, i quali affermano che egli è vivo. Alcuni dei nostri sono andati alla tomba e hanno trovato come avevano detto le donne, ma lui non l'hanno visto».
Disse loro: «Stolti e lenti di cuore a credere in tutto ciò che hanno detto i profeti! Non bisognava che il Cristo patisse queste sofferenze per entrare nella sua gloria?». E, cominciando da Mosè e da tutti i profeti, spiegò loro in tutte le Scritture ciò che si riferiva a lui.
Quando furono vicini al villaggio dove erano diretti, egli fece come se dovesse andare più lontano. Ma essi insistettero: «Resta con noi, perché si fa sera e il giorno è ormai al tramonto». Egli entrò per rimanere con loro. Quando fu a tavola con loro, prese il pane, recitò la benedizione, lo spezzò e lo diede loro. Allora si aprirono loro gli occhi e lo riconobbero. Ma egli sparì dalla loro vista. Ed essi dissero l'un l'altro: «Non ardeva forse in noi il nostro cuore mentre egli conversava con noi lungo la via, quando ci spiegava le Scritture?». Partirono senza indugio e fecero ritorno a Gerusalemme, dove trovarono riuniti gli Undici e gli altri che erano con loro, i quali dicevano: «Davvero il Signore è risorto ed è apparso a Simone!». Ed essi narravano ciò che era accaduto lungo la via e come l'avevano riconosciuto nello spezzare il pane.

Meditazione
Mi piace scrutare i dettagli che precedono l'incontro con il risorto. Ieri Maddalena che stava all'esterno del sepolcro e si chinava su se stessa piangente. Oggi i discepoli di Emmaus che lasciano Gerusalemme, non piangono ma i loro occhi erano incapaci di vedere. La tristezza li accompagnava.
Chi sono gli uomini della Domenica di Risurrezione? Sono uomini e donne addolorati, tristi e ripiegati.
La Resurrezione di Cristo non è un colpo di fulmine che bypassando l'umanità ti travolge e ti porta ipso facto a credere.
No, la Resurrezione passa dalla nostra umanità, dalle nostre ferite, dai nostri fallimenti e li rispetta. La Resurrezione attraversa il nostro dolore e lo accompagna. Oggi Gesù è risorto ma l'uomo no. O meglio non ancora. I discepoli giorni fa gridavano: "Andiamo a morire con lui!". Non sono sono stati neppure capaci di risorgere con Lui. Sicuramente per l'uomo forse è più facile andare a comandare, come dice quella canzone, piuttosto che andare a morire e risorgere. Ora all'alba di quella Domenica che ha stravolto la storia i discepoli non erano ancora pronti per risorgere con Lui. E Gesù che cosa fa? Attende i loro tempi e si mette in cammino con loro.
Così come fa con i discepoli di Emmaus la cui storia è paradigmatica per ogni incontro di Risurrezione. Sapete che questo racconto da la struttura spirituale alla celebrazione della messa? Cosa facciamo in ogni celebrazione eucaristica? Dapprima la richiesta di perdono, poi la liturgia della Parola, poi la liturgia del sacrificio e infine l'invio missionario. Ecco il brano di oggi è così suddiviso: dapprima i discepoli tristi e penitenti, poi arriva la Parola del Maestro che fa vibrare i loro cuori. Poi la cena con lo spezzare il pane e Gesù che si fa riconoscere. E infine l'andare a Gerusalemme a raccontare che Gesù è risorto ed e vivo in mezzo a noi.

Recita
Lucia Gerini, Simone Gini, Maddalena Buttolo, Zaira Vittiglio

Musica di sottofondo
P.H.Erlebach. Halleluja. Performer Michel Rondeau. Diritti Creative Commons. musopen.org

Meditazione
Don Franco Mastrolonardo

Letture di Mercoledì 8 Aprile 2026
Ottava di Pasqua

Prima Lettura
Dagli Atti degli Apostoli
At 3, 1-10

In quei giorni, Pietro e Giovanni salivano al tempio per la preghiera delle tre del pomeriggio.

Qui di solito veniva portato un uomo, storpio fin dalla nascita; lo ponevano ogni giorno presso la porta del tempio detta Bella, per chiedere l'elemosina a coloro che entravano nel tempio. Costui, vedendo Pietro e Giovanni che stavano per entrare nel tempio, li pregava per avere un'elemosina. Allora, fissando lo sguardo su di lui, Pietro insieme a Giovanni disse: «Guarda verso di noi». Ed egli si volse a guardarli, sperando di ricevere da loro qualche cosa. Pietro gli disse: «Non possiedo né argento né oro, ma quello che ho te lo do: nel nome di Gesù Cristo, il Nazareno, àlzati e cammina!». Lo prese per la mano destra e lo sollevò.

Di colpo i suoi piedi e le caviglie si rinvigorirono e, balzato in piedi, si mise a camminare; ed entrò con loro nel tempio camminando, saltando e lodando Dio.

Tutto il popolo lo vide camminare e lodare Dio e riconoscevano che era colui che sedeva a chiedere l'elemosina alla porta Bella del tempio, e furono ricolmi di meraviglia e stupore per quello che gli era accaduto.


Salmo Responsoriale
Dal Salmo 104 (105)
R. Gioisca il cuore di chi cerca il Signore.
Rendete grazie al Signore e invocate il suo nome,
proclamate fra i popoli le sue opere.
A lui cantate, a lui inneggiate,
meditate tutte le sue meraviglie. R.

Gloriatevi del suo santo nome:
gioisca il cuore di chi cerca il Signore.
Cercate il Signore e la sua potenza,
ricercate sempre il suo volto. R.

Voi, stirpe di Abramo, suo servo,
figli di Giacobbe, suo eletto.
È lui il Signore, nostro Dio;
su tutta la terra i suoi giudizi. R.

Si è sempre ricordato della sua alleanza,
parola data per mille generazioni,
dell'alleanza stabilita con Abramo
e del suo giuramento a Isacco. R.

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